SERVUS HISPANIARUM REGIS



lunes, 29 de mayo de 2017

LAS REALES GUARDIAS VALONAS

Abanderado de la Guardia Walona
Dibujo: Uniformology 2003

La Guardia Valona o Walona (del  alemán walah: así llamaban los germanos neerlandófonos a sus vecinos romanizados) fue un Cuerpo de Infantería reclutado originalmente en los Países Bajos, fundamentalmente en la Valonia católica.
Siguiendo el modelo francés, los monarcas españoles pretendían disponer de una especie de élite dentro del ejército, un núcleo de primera clase y de especial fidelidad a la persona del Rey. Para ello, el rey Felipe V creó el Regimiento de Guardias Valonas en 1703 y el Regimiento de Guardias Españolas en 1704, no para misiones de escolta, sino como unidades de combate, similares al resto de regimientos de Infantería de Línea, pero con más efectivos, pues contaron en su inicio con seis batallones de guardias cada uno.
Su bautismo de fuego se produjo en 1704 con operaciones en Portugal, aliado de los austracistas.
De este modo, la Guardia Valona se convirtió en punta de lanza de las unidades de combate y modelo para el ejército en la Guerra de Sucesión Española que se libra contra los austriacos, ingleses, portugueses y holandeses, partidarios del archiduque Carlos de Austria, donde su actuación será  en muchos casos decisiva y determinante en batallas como las de Almansa (1707), Almenara, Zaragoza y Villaviciosa (1710); y sitios como el de Gibraltar, Lérida, Tortosa o Barcelona, con la misión añadida de llevar a cabo la guardia exterior en Palacio.
Las Guardias Valonas estaban compuestas inicialmente por soldados  Flamencos o valones procedentes de los Países Bajos, aunque como consecuencia del desgaste y las numerosas bajas que van a ir sufriendo, pronto se comienza a admitir entre la tropa a soldados de diversas nacionalidades. Se reclutaban entre los hombres más aguerridos y de mayor estatura para ser empleados en misiones de especial riesgo, como encabezar un asalto o cubrir una retirada. Realizaban también labores de seguridad ciudadana.
Bandera Coronela de las Guardias Valonas
Cada regimiento estaba compuesto por dos batallones de trece compañías, incluyendo una de granaderos, formadas por hombres seleccionados de las compañías de fusileros, llegando a contar con  2800 hombres cada uno. El Regimiento de Guardias Valonas no estaba reunido en guarnición; uno de los batallones del de Guardias Valonas permanecía al servicio del Rey; otro batallón se encontraba alojado en Leganés y los cuatro restantes se hallaban distribuidos en diferentes guarniciones de Cataluña.
En las guerras europeas que Felipe V  sostuvo contra los austriacos por recuperar sus dominios italianos, los Valones combatieron con brillantez en la batallas de Melazzo (1718), Francavilla (1719) y Bitonto (1734), batalla ésta última de la que hablábamos en nuestra entrada anterior y también durante la Guerra de Sucesión de Austria.
El regimiento de Guardias Españolas pasará  a ser considerado como el primero de  la Infantería,  recibiendo el pendón de Castilla para su compañía Coronela,  el regimiento de Valonas  quedará  como segundo del arma y así se recogerá  en la Ordenanza de S.M.,  publicada en 1704, que  pretende establecer un “reglamento único para evitar el desorden y hacer uniforme el ejercicio militar”. Regimientos  que han de servir para la guardia de la Real Persona,  así como unidad de combate en las campañas militares que se determine, fijando la posición que han de ocupar, Españolas a la derecha, Walonas a la izquierda.
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Sus jefes y oficiales eran nobles de la más alta alcurnia. Entre ellos figuró D. Juan Buenaventura Therry de Mont, conde de Gages, cuya fama militar fue tal, que su retirada en 1744 sería recordada por el rey prusiano Federico II, que lamentaba no haber servido a las órdenes de este oficial.
Tras el fallecimiento de Felipe V en el año 1746, con la posterior  modificación de las Ordenanzas en el año 1750,  se pretenden solventar los problemas habidos  entre Guardias Españolas y Valonas, motivados por la rivalidad endémica existente entre ellos, celosos  siempre unos de los otros,  se detalla cómo se ha de constituir  la guardia exterior  en los Palacios del Retiro, de Aranjuez y de El  Escorial, fijando  el número de centinelas que lo  componen,  así como las órdenes particulares para cada uno de los puestos, se recogen todas las obligaciones, privilegios o prerrogativas concedidas y como han de ser cumplidas, expresando claramente lo que pueden o no hacer y las consecuencias de sus faltas o delitos, castigándose la traición, la deserción, la negligencia en el servicio, el amancebamiento, la embriaguez  u otros vicios,  con penas de presidio o incluso de muerte. Para efectuar la guardia en el Palacio de Oriente,  entraban dos compañías, una de cada regimiento, que una vez traspasado el Arco,  llevaban a cabo el relevo en la Plaza de la Armería.
Del mismo modo se expresa como se ha de hacer la recluta para escoger sargentos, cabos y soldados, teniendo en  cuenta el nacimiento, la familia, las costumbres y el oficio al que se dedican. Los soldados han de ser corpulentos, de altura mínima de cinco pies y cuatro pulgadas (1,73 cm), mayores de dieciocho años y menores de cincuenta. Se  regula el sistema de ascensos,  prevaleciendo siempre la pertenencia a la unidad y se fija el tiempo de servicio  en seis años en paz y de cinco en guerra.
El vestuario de ambos regimientos será idéntico al de las Guardias Francesas,  compuesto por casaca azul con divisa encarnada de plata, calzón azul, alamares de estambre blanco o de plata para los oficiales, media blanca, con pluma  y cucarda encarnada  para las Guardias Españolas y pluma blanca con cucarda negra para la Walonas, reponiéndolo cada dos años y suministrando tres pares de zapatos al año. Los oficiales tendrán  dos modalidades;  “El gran uniforme” y “el pequeño uniforme”, reservándose el primero para los actos de gala y el segundo para campaña.
Guardia Valona.jpg
Guardias valones en una ilustración del Álbum del conde de Clonard
Su armamento será el mismo fusil que la infantería de línea, aunque con la llave mejorada, bayoneta de cubo y espada, hasta que esta última se suprime quedando su uso exclusivamente  para cabos,  sargentos y  oficiales.
Cuando el Rey desplazaba la Corte a alguno de los Reales Sitios, era acompañado tanto por la Guardias de Corps, como por las Guardias Españolas y Valonas,  tropas a las que era necesario alojar,  para ello se fueron construyendo cuarteles en las inmediaciones de estas localidades. En Madrid se construyó el primero de ellos  en 1719 para las guardias de Infantería Españolas ubicado en la calle de San Mateo, desaparecido hoy.  El “Cuartel del Soldado” para las guardias Valonas, los de San Lorenzo de El Escorial, la Granja de San Ildefonso y Aranjuez,  se construyeron  a partir del segundo tercio del siglo XVIII junto con el de El Pardo, conocido como “Cuartel de Boyerizas”, no obstante los dos más importantes serán el de Vicálvaro y el de Leganés, construidos el primero  para la Guardia Española y el segundo para la Valona, este último proyecto de Sabatini y sede en la actualidad de la Universidad Carlos III, construido entre 1775 y 1783, concebido como un edificio de planta cuadrada y en el interior una gran plaza de armas, pudiendo alojar hasta 3.000 soldados.
Cuartel de Guardias Valonas en Leganés, hoy parte de la Universidad Carlos III
En 1766 participaron en la contención del célebre Motín de Esquilache, decidiendo temporalmente Carlos III su salida de Madrid para calmar los ánimos.
Hasta 1794, en que los Países Bajos Austriacos (antiguamente Países Bajos Españoles) pasaron a poder de Francia, hubo en Lieja un centro de reclutamiento que podía alistar unos 400 o 500 hombres al año para los cuerpos valones. Los regimientos de infantería valona, llamados: BrabanteFlandes y Bruselas, fueron disueltos y refundidos en otros regimientos en los años 1791 y 1792, y desde entonces quedó únicamente el Real Cuerpo de Guardias Valonas en calidad de cuerpo de preferencia, semejante en sus prerrogativas y ventajas al de Guardias españolas.
Granadero de la Guardia Valona hacia 1760
En 1808 la recluta era prácticamente de procedencia española, ya que la procedente de nuestros antiguos dominios en Flandes había disminuído notablemente. En ese año, al igual que el regimiento hermano de Guardias Españolas, estaba organizado en tres batallones de seis compañías cada una, con una fuerza de 98 jefes y oficiales y 2.583 de tropa.
En 1808 su coronel jefe era el Capitán General Príncipe de Castel Franco. El 1º batallón estaba de guarnición en Leganés y fue hecho prisionero por los franceses con ocasión de los hechos del Dos de Mayo. El 2º batallón estaba en Barcelona y el 3º estaba en Portugal. Ambos batallones pasaron a formar parte del Ejército de Andalucía.
Los valones fueron integrados en las Guardias Españolas al quedar extinguida su unidad en 1820.
La Guardia Valona gozó en España de muy justo renombre, conquistado por sus valerosos hechos en los campos de batalla. Hoy en día algunos de sus descendientes se agrupan en el Cuerpo Colegiado de Descendientes de las Reales Guardias Walonas presidido por el conde de Gra, barón de Meer, y del que es secretario general el conde de Ardabani, barón de Perwez, ambos descendientes de oficiales de aquellas Guardias.

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