SERVUS HISPANIARUM REGIS



miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL PROCESO CONTRA LOS TÁVORAS: POMBAL PURGA A LA ARISTOCRACIA PORTUGUESA

Atentado contra el Rey José I de Portugal (1758)
Tras el Terremoto de Lisboa (1 de noviembre de 1755), que destruyó el palacio real, el rey José I vivía en un gran complejo de tiendas y construcciones de madera instaladas en Ajuda, a la salida de la ciudad. Ese era entonces el centro de la vida política y social portuguesa.
El rey vivía rodeado de su equipo administrativo, encabezado por su primer ministro Sebastiao José de Carvalho e Melo (futuro Marqués de Pombal), y de la nobleza. El primer ministro era un hombre estricto, hijo de un hidalgo de provincias, con reticencias hacia la vieja nobleza que lo despreciaba. Los desacuerdos entre él y los nobles eran frecuentes y tolerados por el rey, que confiaba totalmente en Sebastião de Melo por su competente manejo de la situación tras el terremoto.
José I estaba casado con Mariana Victoria de Borbón, infanta española, y tenía cuatro hijas. A pesar de tener una vida familiar apacible, el Rey mantenía ,según los mentideros lisboetas, una pretendida amante, que no sería otra que la bellísima Doña Teresa de Távora, desposada con su sobrino Luis Bernardo, heredero de la casa de Távora.
Portrait of Joseph Emanuel, King of Portugal (1773) - Miguel António do Amaral.png
El rey José I de Portugal
La marquesa Leonor de Távora y su marido Francisco de Assis, conde de Alvor (y antiguo virrey de las Indias), eran los cabezas de una de las familias más antiguas y poderosas del reino, unidas a los Aveiro, Cadaval y Alorna. Eran también enemigos acérrimos de Sebastião de Melo, al que menospreciaban por su sangre plebeya. Leonor de Távora era una mujer política, preocupada sobremanera porque los asuntos del país recayeran a su parecer sobre un "plebeyo sin clase ni apellidos". Era también una devota católica, muy influenciada por los jesuitas, uno de los cuales, gabriel Malagrida, era su confesor.
Sebastiao José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal
En la noche del 3 de septiembre de 1758, José I viajaba de incógnito en una carroza que transitaba por una vía secundaria en los alrededores de Lisboa. Regresaba al campamento de Ajuda tras haber tenido una entrevista con su supuesta amante. Por el camino, la carroza fue interceptada por tres hombres a caballo que dispararon contra los ocupantes con pistolas. José I fue alcanzado en un brazo y su conductor también resultó gravemente herido, pero ambos sobrevivieron y consiguieron regresar a Ajuda.
Sebastião de Melo tomó inmediatamente el control de la situación. Guardando secreto en cuanto al ataque y a las heridas del rey, se llevó a cabo una rápida investigación. Pocos días después, se detuvo y torturó a dos hombres, que confesaron ser los autores y declararon bajo tormento haber sido contratados por la familia Távora, que conspiraba a favor del Duque de Aveiro, José Mascarenhas, para que éste llegara al trono. Los dos fueron ahorcados al día siguiente, incluso antes de que se hiciera público el intento de regicidio. En las siguientes semanas, la marquesa Leonor de Távora, su marido, el conde de Alvor, todos sus hijos, hijas y nietos fueron siendo encarcelados por orden real. Los conspiradores, el duque de Aveiro y los yernos de los Távora, el marqués de Alorna y el conde de Atouguia también fueron a la cárcel junto a sus familias. Gabriel Malagrida, el jesuita italiano confesor de Leonor de Távora también fue arrestado junto con otros padres de esta orden.
Doña Leonor de Távora, IIIª marquesa de Távora y VIª condesa de San Joao de Pesqueira
Se acusó a todos de alta traición y de intento de regicidio. Las pruebas presentadas en el tribunal eran simples: las confesiones bajo tortura de los sicarios ya ejecutados, el arma usada para el crimen pertenecía al duque de Aveiro, y el hecho de que sólo los Távora podían saber dónde estaba el rey esa noche, puesto que regresaba de conversar con Teresa de Távora, quien también fue encarcelada. Los Távora negaron todas las acusaciones, pero fueron condenados a muerte. Se confiscaron todos sus bienes en favor de la corona, se eliminó su nombre de la lista de la nobleza y se prohibieron todos sus escudos e insignias familiares.
La sentencia ordenó la muerte de todos los miembros de la familia, incluyendo mujeres y niños, así como de los seis criados más íntimtos de los marqueses. Sólo la intervención de la reina Mariana y de María Francisca, la heredera al trono, consiguió salvar la vida de la mayoría de los menores de edad y de algunas de las mujeres. Sin embargo, la marquesa no obtuvo el indulto. Ella y otros acusados que habían sido sentenciados a muerte fueron torturados con la máxima crueldad y ejecutados públicamente el 13 de enero de 1759 en un descampado de Lisboa. 
Incluso para la época en la que se produjo, la ejecución fue especialmente violenta, espeluznante: a los sentenciados se les fracturaron los brazos y las piernas a mazazos y solo después se les decapitó. El resto de su cuerpo se quemó y las cenizas se arrojaron al Tajo. El Rey y una corte totalmente sobrecogida y espantada, contemplaron personalmente esta carnicería a ruegos de Sebastião de Melo. A pesar de que los Távora eran sus iguales o incluso superiores por su mítico origen, el rey (y el propio Sebastião de Melo) quiso que los nobles entendieran la lección de lo que suponía rebelarse contra el poder real vigente.
La brutal ejecución de los Távora en un grabado dieciochesco
El palacio del duque de Aveiro, en Belém (Lisboa) fue destruido y el terreno sembrado de sal de modo simbólico para que nada más creciera allí en el futuro. En el lugar, hoy llamado Beco do Chão Salgado, existe un monumento alusivo al hecho que mandó construir José I.
La Compañía de Jesús fue expulsada de Portugal en 1759 y confiscados todos sus bienes. El jesuita Gabriel Malagrida fue quemado vivo en 1761 en una plaza de Lisboa. La familia Alorna y las hijas del duque de Aveiro fueron condenadas a cadena perpetua, viviendo bajo reclusión en monasterios y conventos. Doña Ana y Doña Inés de Távora, hijas y hermanas de los ejecutados, pasaron a España con los infantes más pequeños de la casa ayudados por nobles fieles a Aveiro y Távora.
Sebastião de Melo fue nombrado Conde de Oeiras por su "gestión" de la crisis, y posteriormente, en 1770, obtuvo el título de  Marqués de Pombal, nombre por el que se le conoce hoy.
La culpabilidad de los Távora sigue siendo en extremo cuestionada hasta hoy en día por parte de los historiadores. Por una parte, las malas relaciones entre la alta aristocracia y el rey José I están bien documentadas. La ausencia de un heredero masculino al trono era motivo de desagrado para muchos nobles, y el Duque de Aveiro era de facto una opción de estos aristócratas para desalojar del trono a las hijas de José I si el rey moría.
Por otra parte, algunos destacan una coincidencia: con la eliminación de los Távora y de los jesuitas, desaparecieron los mayores enemigos de Sebastião de Melo y se redujo muchísimo el poder de la vieja nobleza de espada y crucifijo. Además, los acusados Távora alegaron que el intento de asesinato de José I había sido un delito común y no un regicidio, pues el rey transitaba sin escolta ni marcas distintivas por una zona oscura de las afueras de Lisboa. Otra pista acerca de la inocencia es el hecho de que ninguno de los Távoras o sus familiares trataran de abandonar Portugal en los días que siguieron al atentado.
Medallas históricas: MEDALLA DE D. LEONOR DE TÁVORA, REALIZADA EN BRONCE, REALIZADA POR CABRAL ANTUNES, 3ª MARQUESA DE TA - Foto 1 - 98426475
Medalla portuguesa del siglo XX en homenaje a doña Leonor de Távora
Culpables o no, la ejecución de los Távora fue un acontecimiento impactante para toda Europa. En un momento en el que la pena de muerte ya estaba en desuso, la ejecución de los representantes de tan prestigiosa familia de la aristocracia fue un terrible golpe, además de generar un silencioso odio por parte de la alta nobleza hacia el advenedizo Marqués de Pombal. La futura reina María I de Portugal se vio tan afectada por los acontecimientos que abolió la pena de muerte (salvo en caso de guerra) en cuanto tuvo ocasión al llegar al trono. Portugal fue pues uno de los primeros países del mundo que lo hizo.
El desprecio de la reina María I por el primer ministro Pombal fue absoluto. Lo destituyó de todos los cargos y lo expulsó de Lisboa. Llegó incluso a dictar un decreto que prohibía su presencia a una distancia menor de 32 kms de la capital. Tras una nueva investigación, esta vez imparcial, la memoria de la martirizada familia Távora fue rehabilitada por decreto real. Pombal fue condenado y sólo por su avanzada edad quedó exento de castigos físicos.

lunes, 11 de diciembre de 2017

TORRIJOS, MÁRTIR Y MITO DEL LIBERALISMO ESPAÑOL


Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros, por Antonio Gisbert (1888); una de las imágenes icónicas de la pintura de Historia española del siglo XIX y del movimiento liberal

José María Torrijos y Uriarte nació en Madrid el 20 de marzo de 1791, en el seno de una familia de burócratas andaluces al servicio de la Monarquía. Su padre era caballero de la Orden de Carlos III y ayuda de cámara del rey Carlos IV. Gracias a la posición que ostentaba, consiguió que a los diez años el pequeño José María fuera nombrado paje del rey. Enseguida se decidió por la carrera militar y a los trece años ingresó en la Academia de Alcalá de Henares, donde se especializó en el Arma de Ingenieros.
Su participación en la Guerra de Independencia comienza el mismo día 2 de mayo de 1808, cuando acude en ayuda de los capitanes Daoíz y Velarde, que se encontraban sin municiones en el parque de artillería de Madrid. Éstos le envían a negociar con el general francés Gobert, pero en plena misión estalla la sublevación popular antifrancesa de la capital, por lo que es detenido y solo se salva de ser fusilado por la intervención de un ayudante de campo de Murat a quien conocía. En ese momento acababa cumplir los diecisiete años y ostentaba el grado de capitán.
Después se incorporó a la defensa de Valencia y a las de Murcia y Cataluña. En 1810, a sus diecinueve años, alcanza el grado de teniente coronel. Fue hecho prisionero por los franceses, después de ser herido, pero escapa y vuelve a combatir en la guerra. Estuvo a las órdenes de Wellington en la decisiva Batalla de Vitoria, que iba a dar lugar al final de la guerra. Tres meses antes, en marzo de 1813, había contraído matrimonio con Luisa Carlota Sáenz de Viniegra, hija de un intendente honorario del ejército, con la que tendría una hija en 1815 que murió al poco de nacer.​ Torrijos terminó la guerra con el grado de general de brigada, con solo veintitrés años de edad.
General-torrijos.gif
Torrijos en un grabado de época
Tras la vuelta de Fernando VII y el restablecimiento del absolutismo en 1814, Torrijos fue nombrado gobernador militar de Murcia, Cartagena y Alicante, recibiendo en 1816 la gran cruz de San Fernando por sus méritos militares. Pero Torrijos pronto se implicó en las tramas conspirativas liberales que pretendían acabar con el poder absoluto del rey y reinstaurar la Constitución de Cádiz. Para ello ingresó en la masonería adoptando el nombre de Aristogitón.​
La conspiración en la que participó directamente fue el intento de pronunciamiento encabezado por el también militar Juan van Halen  y que iba a desarrollarse en la zona que militarmente estaba bajo su mando. Comprometió en la intentona al regimiento de Lorena que estaba a su cargo, con la ayuda de su amigo el teniente coronel juan López Pinto, y contactó con diversos grupos liberales clandestinos de su territorio. Pero Torrijos fue descubierto y detenido el 26 de diciembre de 1817, encerrado primero en el Castillo de Santa Bárbara de Alicante y luego en la cárcel de la Inquisición en Murcia. Allí pasaría los dos años siguientes, aunque no abandonó la actividad conspirativa gracias a su esposa que le visitaba en la cárcel y le hacía llegar los papeles clandestinos.
Salió de la cárcel gracias al triunfo del pronunciamiento de Riego, y el 29 de febrero de 1820 acaudilló la proclamación de la Constitución de 1812 en Murcia. El rey Fernando VII, tras verse obligado a aceptar el sistema constitucional, intentó atraerse a Torrijos y le ofreció el traslado a Madrid para ocupar el cargo de coronel del regimiento que llevaba su nombre, pero Torrijos se negó tajantemente, lo que valió la marginación de cualquier responsabilidad por parte de los gobiernos liberales moderados.
Apoyó las sociedades patrióticas defendidas por los liberales «exaltados» y se integró en junio de 1820 en la célebre Fontana de Oro y en los Amantes del Orden Constitucional. Para contrarrestar la política restrictiva de las libertades cívicas de los gobiernos liberales «moderados», Torrijos y otros liberales «exaltados» crearon una sociedad secreta denominada La Comunería, cuya finalidad era defender la Constitución
Participó en la guerra contra las partidas realistas en Navarra y Cataluña, donde fue lugarteniente del general Espoz y Mina, lo que le valió el ascenso a mariscal de campo por orden del gobierno «exaltado» de Evaristo San Miguel. Poco después, el 28 de febrero de 1823, fue nombrado ministro de la Guerra pero no llegó a ocupar el cargo al revocar el Rey el gobierno «exaltado» del que Torrijos formaba parte.
Cuando se produjo la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, enviados por la Santa Alianza para restaurar el poder absoluto del rey Fernando VII, actuó a las órdenes del general Ballesteros pero este, para que Torrijos no le molestara en su prevista maniobra de no ofrecer ninguna resistencia al enemigo, le envió destinado a Cartagena al mando del VIIIº Distrito militar. Allí defendió la plaza junto a Francisco valdés y Juan López Pinto hasta un mes después de que el gobierno y las Cortes hubieran capitulado ante el Duque de Angulema en septiembre de 1823. Así Torrijos en Cartagena, junto con Espoz y Mina en Barcelona, fueron los últimos militares liberales que resistieron. En el acta de rendición a las tropas francesas firmada el 3 de noviembre de 1823, Torrijos consiguió que los oficiales que marcharan al exilio cobrarían sus sueldos en la emigración, de acuerdo con su condición de refugiados, no de presos políticos. El 18 de noviembre embarcaron Torrijos y su esposa hacia Marsella. Iniciaban así un exilio que iba a cambiar irreversiblemente sus vidas.
Episode of the French intervention in Spain 1823.PNG
Los Cien Mil Hijos de San Luis en España
En Francia sólo permaneció cinco meses debido a la hostilidad mostrada por su gobierno a los exiliados liberales españoles, que estuvieron fuertemente vigilados por la policía y a los que no se les permitió residir en los departamentos fronterizos con España. En ese tiempo Torrijos reclamó para él y para sus subordinados el sueldo estipulado en el convenio de rendición de Cartagena y que el gobierno se negaba a pagar —solo cobrarían después de que la Revolución de 1830 triunfara en Francia— y entró en contacto con el general Lafayette, diputado y uno de los principales líderes de la oposición liberal a la Monarquía de Carta Otorgada de Luis XVIII, con el que mantendría una activa correspondencia de la que surgió una larga amistad.
El 24 de abril de 1824, Torrijos y su esposa embarcaron para Inglaterra y durante los dos primeros años vivieron en una modesta vivienda de Blackheath hasta que a finales de 1826 se trasladaron a Londres. Durante ese tiempo vivió de la ayuda que le proporcionó su antiguo jefe el duque de Wellington, entonces primer ministro británico, que mantuvo hasta julio de 1829 en que se le retiró por el incremento de su actividad conspirativa. Como ese subsidio no era muy grande, tuvo que dedicarse a la traducción. Así tradujo del francés al castellano las Memorias de Napoleón, y del inglés al castellano las Memorias del general Miller, que había participado en la guerra de independencia de Perú y al que Torrijos había conocido personalmente en 1812 durante las campañas contra los franceses en España.
Pocos meses después de irse a vivir a Londres, los exiliados liberales españoles más radicales crearon el 1 de febrero de 1827 una Junta Directiva del Alzamiento en España que fue presidida por Torrijos, convertido así en máximo dirigente de este sector liberal «exaltado» que se había distanciado de las posiciones más moderadas de Francisco Espoz y Mina, hasta entonces el líder de los liberales exiliados en Inglaterra y que por entonces era bastante escéptico sobre las posibilidades de éxito de un pronunciamiento en España contra el absolutismo de Fernando VII.
Francisco Espoz y Mina by Francisco Goya.jpg
Francisco Espoz y Mina
En mayo de 1830 Torrijos expuso su plan para la insurrección consistente en la penetración «en circunferencia» en la Península para atacar el centro, Madrid, desde diversos puntos, que se iniciaría con el «rompimiento», es decir, con la entrada en España de los conjurados en Londres encabezados por él mismo y que sería la señal para el levantamiento.​ El 16 de julio de 1830, la Junta de Londres se disolvió y nombró con carácter interino, hasta que se «reuniese libremente la nación», una Comisión Ejecutiva del levantamiento encabezada por el propio Torrijos, como máximo responsable militar, y por Manuel Flores Calderón, expresidente de las Cortes del Trienio Liberal, como autoridad civil. 
Torrijos y sus seguidores llegaron a Gibraltar a principios de septiembre, vía París y Marsella. En Gibraltar permanecerían todo un año, hasta finales de noviembre de 1831, y desde allí Torrijos impulsó varios conatos insurreccionales en febrero y marzo de 1831, que fueron respondidos por una brutal represión del gobierno absolutista de Fernando VII, cuya víctima más famosa fue Mariana Pineda, ejecutada en Granada el 26 de mayo de ese año.
El Peñón de Gibraltar
En septiembre de 1831 el Capitán General de Andalucía le propuso al gobierno «apoderarse del caudillo revolucionario Torrijos por sorpresa o estratagema». El principal protagonista de ésta sería el gobernador de Málaga, Vicente González Moreno, quien desde el mes anterior había iniciado una activa correspondencia con Torrijos bajo el seudónimo de Viriato, haciéndose pasar por un liberal que le aseguraba que el mejor lugar para el desembarco sería la costa de Málaga, donde tendría asegurado el apoyo de las guarniciones y donde todos los liberales estaban dispuestos a secundarle.
Vicente González Moreno
Desgraciadamente Torrijos hizo más caso a Viriato, y a algún liberal auténtico que también le escribió animándole, que a la Junta de Málaga que intentaba disuadirle de que desembarcara en aquellas costas si no contaba con suficientes fuerzas.
El 30 de noviembre partieron de Gibraltar dos embarcaciones con sesenta hombres encabezados por Torrijos, suficientes para el proyecto, ya que el desembarco no tenía carácter militar, sino que solo pretendían pisar tierra española y «pronunciarse», lo que constituiría el «rompimiento» que desencadenaría el levantamiento liberal en toda España. Llevaban unos impresos de un Manifiesto a la Nación, además de diversas proclamas. Como elementos simbólicos, uniformes, banderas y emblemas con las armas de España. Sus lemas: Patria, Libertad e Independencia, y el grito del «rompimiento»: ¡Viva la Libertad!.
La mañana del 2 de diciembre de 1831, divisaron tierras malagueñas, tras casi cuarenta horas de viaje. Llegando a la costa les sorprendió el barco Neptuno, que abrió fuego contra los liberales. No quedándoles más refugio que la propia tierra, Torrijos y los suyos se apresuraron hacia la playa de El Charcón. Entonces el grupo de Torrijos inició su camino hacia la Sierra de Mijas, pero cuando estaban cerca del propio pueblo de Mijas, aparecieron formaciones dispuestas a cortarles el paso y capturarles, por lo que Torrijos ordenó a sus hombres que bordeasen el pueblo. Tras varios días de camino, descendieron por la vertiente norte de la sierra de Mijas y se adentraron en el Valle del Guadalhorce hacia Alhaurín de la Torre, situado a veinte kilómetros de Málaga. Se refugiaron en Torrealquería del Conde de Mollina (Alhaurín de la Torre). Con las primeras luces del alba del día 4 de diciembre de 1831, los Voluntarios Realistas de Coín dispararon sus armas para dar a entender a los liberales que ya estaban localizados y que habían sido rodeados. A continuación se inició el ataque. Los liberales, por su parte, abrieron fuego desde el interior. Finalmente Torrijos decidió rendirse y esperar que cambiara en Málaga el curso de los acontecimientos.
El grupo fue conducido prisionero al Convento de los Carmelitas Descalzos de San Andrés, donde pasarían sus últimas horas. A las once y media de la mañana del domingo 11 de diciembre de 1831, Torrijos y sus 48 compañeros​ fueron fusilados sin juicio previo en dos grupos en la Playa de San Andrés de Málaga.
A título póstumo, la Reina Gobernadora María Cristina, le concedió el condado de Torrijos (1837), merced nobiliaria que emplearía su esposa junto a la de vizcondesa de Fuengirola.
La ciudad de Málaga erigió un monumento a Torrijos y a sus compañeros en la Plaza de la Merced. Bajo el citado monumento, se encuentran las tumbas de 48 de los 49 hombres fusilados; uno de ellos, británico, fue enterrado en el cementerio inglés de la ciudad.
Monumento a Torrijos y sus compañeros en la Plaza de la Merced de Málaga
Foto: Zangarreon

A la muerte de Torrijos y sus compañeros
Helos allí: junto a la mar bravía
cadáveres están ¡ay! los que fueron
honra del libre, y con su muerte dieron
almas al cielo, a España nombradía.
Ansia de patria y libertad henchía
sus nobles pechos que jamás temieron,
y las costas de Málaga los vieron
cual sol de gloria en desdichado día.
Españoles, llorad; mas vuestro llanto
lágrimas de dolor y sangre sean,
sangre que ahogue a siervos y opresores,
y los viles tiranos con espanto
siempre delante amenazando vean
alzarse sus espectros vengadores.
(José de Espronceda)

sábado, 9 de diciembre de 2017

LA EXPOSICIÓN NACIONAL DE BELLAS ARTES DE 1887 Y SU MEDALLA

Con el objeto de estimular la creación artística, por Real Decreto de 28 de diciembre de 1853, S.M. la Reina doña Isabel II, creaba las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Estos certámenes nacionales estaban llamados a ser la mayor muestra oficial de arte español a la que concurrían artistas vivos. Fueron estructuradas inicialmente en cinco Secciones: Pintura, Escultura, Grabado, Arquitectura y Artes Decorativas. Desde sus comienzos, la Sección de Pintura fue el eje principal de las mismas, con una temática de corte historicista y costumbrista. Los artistas premiados adquirían, gracias a ellas, un importante rango en el arte oficial de la España decimonónica.
Madrid, capital del Reino y sede de las instituciones del estado liberal, desempeñó un papel relevante en el proceso de formación artística durante el siglo XIX, propósito al que contribuyeron de manera decisiva las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.
Tras sucesivos cambios de sede, desde 1887 éstas pasaron a celebrase en el Palacio de las Artes y la Industria del Paseo de la Castellana (hoy Museo de Ciencias Naturales). 

A su inauguración en el mes de mayo acudían monarcas y autoridades, y el jurado se encargaba de repartir los premios: medallas de honor, medallas de primera, segunda y tercera clase, y menciones honoríficas.
En 1887, siendo Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo Lorena, tuvo lugar la XIIª Edición de la Exposición Nacional de Bellas Artes.
Ese año los premios de Pintura recayeron en los siguientes autores y obras:
Ricardo de Villodas por Victoribus gloria
Ulpiano Checa por La invasión de los bárbaros
Francisco Javier Amérigo por El saqueo de Roma
José Benlliure por La visión del Coliseo
Salvador Viniegra por La bendición del campo en 1800
Salvador Martínez Cubells por Doña Inés de Castro

La conocida obra de Ulpiano Checa, "La invasión de los bárbaros"

Cada artista premiado recibía una medalla de oro, plata o bronce así como los correspondientes diplomas acreditativos.
La medalla de la Exposición nacional de Bellas Artes de 1887 presenta en su reverso la efigie de la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo Lorena con tiara sobre la cabeza. Le rodea una inscripción en castellano que dice: "MARÍA CRISTINA REINA REGENTE DE ESPAÑA".
Bajo el regio retrato, en tipo menudo, el nombre del grabador: B(artolomé) Maura.

Medallas históricas: ESPAÑA. MARÍA CRISTINA REINA REGENTE. MEDALLA EXPOSICIÓN GENERAL DE BELLAS ARTES. MADRID 1.887 - Foto 1 - 94746927
Anverso de la Medalla de 1887
Foto: www.todocoleccion.net agfsevilla

El reverso muestra una corona mixta de palma y laurel abierta, con un círculo central liso sobre el que se grababa el nombre del artista acreedor a tal premio.
Le rodea una inscripción en castellano que dice: "EXPOSICIÓN GENERAL DE BELLAS ARTES. MADRID MDCCCLXXXVII".
Bajo el nudo de la corona, las iniciales del grabador: "B(artolomé) M(aura)".
Medallas históricas: ESPAÑA. MARÍA CRISTINA REINA REGENTE. MEDALLA EXPOSICIÓN GENERAL DE BELLAS ARTES. MADRID 1.887 - Foto 2 - 94746927

Reverso de la Medalla de 1887
Foto: www.todocoleccion.net agfsevilla

viernes, 8 de diciembre de 2017

EL MILAGRO DE EMPEL Y EL PATROCINIO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN SOBRE LA INFANTERÍA ESPAÑOLA

El milagro de Empel.jpg
"El Milagro de Empel", lienzo del genial pintor Agusto Ferrer Dalmau
Hoy, 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, recordamos el episodio del "Milagro de Empel", una de esas glorias españolas que nuestros paniaguados cineastas rehuyen, más empeñados en ensuciar la memoria del heroísmo hispano que en servir a la verdad.
El Milagro de Empel fue un suceso acaecido entre los días 7 y 8 de diciembre de 1585, durante la Guerra de los Ochenta Años contra los rebeldes de las Provincias Unidas. Se enfrentaban en batalla un Tercio español, comandado por el Maestre de Campo don Francisco Arias de Bobadilla y una flota de diez navíos de los rebeldes de los Estados Generales de los Países Bajos, bajo mando del almirante Filips van Hohenlohe-Neuestein. 
De acuerdo con las crónicas, el 7 de diciembre de 1585, el Tercio del Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla, compuesto por unos cinco mil hombres, combatía en la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal, bloqueada por completo por la escuadra del almirante Filips van Hohenlohe-Neuenstein. La situación era desesperada para los Tercios españoles, pues, además del estrechamiento del cerco, había que sumarle la escasez de víveres y ropas secas.
El jefe enemigo propuso entonces una rendición honrosa pero la respuesta española fue clara: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos». Ante tal respuesta, Hohenlohe-Neuenstein recurrió a un método harto utilizado en ese conflicto: abrir los diques de los ríos para inundar el campamento enemigo. Pronto no quedó más tierra firme que el montecillo de Empel, donde se refugiaron los soldados del Tercio.
En ese crítico momento un soldado del Tercio, cavando una trinchera, tropezó con un objeto de madera allí enterrado. Era una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción.
Anunciado el hallazgo, colocaron la imagen en un improvisado altar y el Maestre Bobadilla, considerando el hecho como señal de la protección divina, instó a sus soldados a luchar encomendándose a la Virgen Inmaculada diciendo: "Este tesoro tan rico que habéis descubierto debajo de la tierra, es un divino nuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperamos en su bendito día". 
Grabado representando la batalla de Empel
Esa noche, se desató un viento completamente inusual e intensamente frío que heló las aguas del río Mosa. Los españoles, marchando sobre el hielo, atacaron por sorpresa a la escuadra enemiga al amanecer del día 8 de diciembre y obtuvieron una victoria tan completa que el almirante Hohenlohe-Neuenstein llegó a decir: «Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro».
Aquel mismo día, entre vítores y aclamaciones, la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia.
Su Majestad el Rey don Carlos III, gran devoto suyo, proclamó a la Inmaculada como Patrona de España y sus Indias, estableciendo la Orden de su mismo nombre bajo el patronazgo celestial de la Inmaculada.
La Inmaculada Concepción, por José de Ribera
A pesar del secular culto que se le profesaba en España y de los votos de pueblos y ciudades en su defensa, hubo de esperar la Iglesia Universal a la bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854 que consagraba por fin, como dogma de fe católica, la Concepción Inmaculada de la Virgen Santísima. 
El 12 de noviembre de 1892, a solicitud del Inspector del Arma de Infantería del Ejército de Tierra, por Real Orden de la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo Lorena, se declaraba Patrona de la Infantería Española a la Purísima Concepción.


HIMNO DE INFANTERÍA 

Ardor guerrero vibre en nuestras voces
y de amor patrio henchido el corazón
entonemos el himno Sacrosanto
del deber, de la Patria y del Honor ¡Honor! 
De los que amor y vida te consagran
 escucha España, la canción guerrera
 canción que brota de almas que son tuyas
 de labios que han besado tu Bandera.
 De pechos que esperaron anhelantes
 besar la Cruz aquella
 que formaban la enseña de la Patria
 y el arma con que habían de defenderla.
 Nuestro anhelo es tu grandeza
 que seas noble y fuerte.
 Nuestro anhelo es tu grandeza
 que seas noble y fuerte
 y por verte temida y honrada
 contentos tus hijos irán a la muerte.
 Y por verte temida y honrada
 contentos tus hijos irán a la muerte.
 Si al caer en lucha fiera ven flotar
 victoriosa la Bandera
 ante esa visión postrera orgullosos morirán. 
Y la Patria, al que su vida le entregó
 en la frente dolorida
 le devuelve agradecida el beso que recibió. 
El esplendor de gloria de otros días
 tu celestial figura ha de envolver
 que aún te queda la fiel Infantería
 que, por saber morir, sabe vencer.
 Y volarán tus hijos ansiosos al combate
 tu nombre invocarán. 
Y la sangre enemiga en sus espadas
 y la española sangre derramada
 tu gloria y sus hazañas cantarán.
 Y éstos que en la Academia Toledana
sienten que se apodera de sus pechos
con la épica nobleza castellana
el ansia altiva de los grandes hechos
 te prometen ser fieles a la historia
 y dignos de tu honor y de tu gloria. 

martes, 5 de diciembre de 2017

EL REY MIGUEL I DE RUMANÍA HA MUERTO

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Diseño: Royal Heraldic Artist Ljubodrag Grujic 

La Secretaría de la Casa Real de Rumanía ha anunciado que a las 12 p.m. del día de hoy, 5 de diciembre de 2017, S.M. el Rey Miguel I ha fallecido en su residencia de Aubonne (Suiza), a la edad de 96 años.
El cuerpo del monarca será trasladado a Rumanía, instalándose la capilla ardiente del monarca en el Salón de Honor del Castillo de Valea Pele (Sinaia). 
Posteriormente será trasladado al Salón del Trono del Palacio Real de la Avenida de la Victoria, en Bucarest, donde, durante dos días, podrá recibir el póstumo homenaje del pueblo rumano.
Los solemnes funerales tendrán lugar en la Catedral Patriarcal de Bucarest.
Desde "Salón del Trono" nos unimos a las condolencias que, desde todo el mundo, llegan a la Familia Real Rumana.
S.M. el Rey Miguel I fue derrocado por los comunistas el 30 de diciembre de 1947. Tras largos años de exilio, en 1997 se le devolvió la ciudadanía rumana y algunas antiguas posesiones reales como el Castillo Peleş (Sinaia), dentro del proceso de reconciliación que propició el presidente Ion Iliescu en el año 2000. El Rey mantuvo el patronazgo de diversas obras sociales de beneficencia en su país.
Miguel de Rumania pronunció el 25 de octubre de 2011 su primer discurso ante el Parlamento de Rumanía desde 1947.​
En marzo de 2016 se dio a conocer que padecía leucemia crónica y carcinoma espinocelular con metástasis y se retiró de la vida pública, cediendo todo protagonismo a la Princesa Heredera Margarita.
El 1 de agosto de 2016 fallecía su esposa Ana de Borbón Parma.
Ha muerto todo un símbolo de la monarquía europea.
Es una verdadera lástima que S.M. Miguel I no haya podido contemplar a su dinastía reinando de nuevo en su patria, a pesar del mucho apoyo que los rumanos prestan a una posible restauración. Desgraciadamente, sabemos que para proclamar una república todo son prisas e improvisaciones, pero cuando el proceso es a la inversa, los plazos se dilatan hasta el infinito.
Regele Mihai a murit, trăiască Alteța Sa Regală Principesa Margareta a României, Custode al Coroane!


D.E.P. Su Majestad Miguel I, Rey de Rumanía (1921-2017). Reinó del 20 de julio de 1927 al 8 de junio de 1930 (bajo una Regencia); y del 6 de septiembre de 1940 al 30 de diciembre de 1947, tras ser derrocado por los comunistas. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

4 DE DICIEMBRE: SANTA BÁRBARA, PATRONA DE LA ARTILLERÍA ESPAÑOLA



HIMNO DE ARTILLERÍA

Artilleros, artilleros,
marchemos siempre unidos,
siempre unidos,
de la Patria, de la Patria,
de la Patria, su nombre engrandecer,
engrandecer.

Y al oir, y al oir,
y al oir del cañón el estampido,
el estampido,
nos haga su sonido enardecer.

España que nos mira siempre amante,
recuerda nuestra Historia Militar,
Militar.

Que su nombre siempre suena más radiante
a quién supo ponerla en un altar.
Su recuerdo nos conmueve con ternura,
dice Patria, dice Gloria, dice Amor,
y evocando su mágica grandeza,
morir sabremos por salvar su honor.

Tremolemos muy alto el Estandarte,
sus colores en la cumbre brillarán,
y al pensar que con él está la Muerte
nuestras almas con más ansia latirán.

Como la madre que al niño le canta
la canción de cuna que le dormirá
al arrullo de una oración santa,
en la tumba nuestras flores crecerán.

Marchemos unidos, marchemos dichosos,
seguros, contentos de nuestro valor,
y cuando luchando a morir lleguemos,
antes que rendidos muertos con honor.

Y alegres cantando el himno glorioso
de aquellos que ostentan noble cicatriz,
terminemos siempre nuestro canto honroso
con un viva Velarde y un viva Daoiz.

Artilleros, artilleros,
marchemos siempre unidos,
siempre unidos,
de la Patria, de la Patria,
de la Patria, su nombre engrandecer,
engrandecer.

Y al oir, y al oir,
y al oir del cañón el estampido,
el estampido,
nos haga su sonido enardecer.
Orgullosos al pensar en las hazañas

realizadas por nuestra Grey,
gritemos con el alma un viva España
y sienta el corazón un viva el Rey.


HIMNO DE SANTA BÁRBARA DE LOS ARTILLEROS

Al morir el valiente Artillero

defendiendo tenaz el cañón

dale ¡ Oh Virgen ¡ sublime y piadosa

siempre amparo, consuelo y perdón.

Al morir el valiente Artillero

defendiendo tenaz el cañón, el cañón

dale ¡ Oh Virgen ¡ sublime y piadosa

siempre amparo, siempre amparo, siempre amparo

consuelo y perdón.

Al morir el valiente Artillero

defendiendo tenaz el cañón, el cañón

dale ¡ Oh Virgen¡ sublime y piadosa

siempre amparo, consuelo y perdón,

siempre amparo, siempre amparo,

siempre amparo, consuelo, consuelo y perdón,

siempre amparo, consuelo y perdón.



Tú que aplacas la fiera borrasca

y del trueno el horrísono son

en tu solio bordado de estrellas

de tus hijos escucha la voz.

Y si un día patrona te hicimos

del valiente Artillero Español

fue al pensar en tu gloria que brilla

más radiante y más pura que el sol.

Tú que aplacas la fiera borrasca

y del trueno el horrísono son

en tu solio bordado de estrellas

de tus hijos escucha la voz.

Y si un día patrona te hicimos

del valiente Artillero Español

del valiente, Artillero Español

fue al pensar en tu gloria que brilla

más radiante y más pura que el sol

más radiante y más pura que el sol

más radiante y más pura que el sol.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL MARQUÉS DE ALMAZÁN, UNA VIDA DEDICADA AL HOSPITAL DE SAN LÁZARO

Por su sincera emotividad y veraz doctrina, reproducimos hoy el texto de homenaje póstumo que nuestro gran amigo y hermano en San Lázaro, el Dr. don José María de Montells y Galán, ha dedicado al desaparecido 49º Gran Maestre. Atavis et Armis. 



EL MARQUÉS DE ALMAZÁN, UNA VIDA DEDICADA AL HOSPITAL DE SAN LÁZARO
Por José María de Montells


"Cuando unos días antes de morir, me llamó por el móvil para decirme que estaba ingresado, malicié que se estaba despidiendo de mí. No me engañé y en cuanto volvió a su casa, dio el alma a Dios, dejándonos a todos los lazaristas sumidos en el dolor y la tristeza. En el terreno personal, para mí fue un mazazo porque, aunque esperaba el desenlace, no me lo figuraba tan repentino. Yo sabía que estaba mal, pero su viaje a Monreale me indujo a pensar que podría resistir el envite de la enfermedad durante más tiempo. Luego supe que, plenamente consciente de lo que le ocurría, quiso peregrinar para pedir a la Virgen su recuperación. No ha podido ser, Dios le ha reclamado junto a él y nuestro Gran Maestre ya estará gozando de la amistad del Padre. Fue, y yo le conocí bien, un hombre de fe que influyó en el ideario de la Orden, en su empeño de oficializar las tres virtudes teologales como la verdadera columna vertebral del trabajo caballeresco.
En el contexto de su fallecimiento, me parece imprescindible volver la vista atrás y repasar su actuación como la autoridad suprema del Hospital lazarista. Hay que decir que, siendo extremadamente amable, paciente y bondadoso de carácter, tenía muy claro su papel, ejerciéndolo con determinación y firmeza admirables. Frente aquellos que deseaban un Gran Maestrazgo hierático y equidistante, en la tradición anglosajona del “reina, pero no gobierna”, el marqués de Almazán siempre se mostró partidario de ejercer el poder en plenitud, sin concesiones a la galería, con plena responsabilidad y compromiso personal. Tenía muy claro que una orden de caballería no es un club democrático y que el Hospital de los pobres leprosos necesitaba de un ejecutivo fuerte, capaz de sortear los peligros a los que se enfrentaba.
Según sus propias palabras:
En la actualidad, las órdenes de caballería no son ni pueden ser sociedades democráticas ni organizaciones de caridad, ni clubes de indolentes nostálgicos, ni asociaciones de ridículos vanidosos, son agrupaciones religiosas jerarquizadas formadas mayoritariamente por laicos, con fines benéficos de asistencia socio-hospitalaria. Aunque bien es cierto que, en el mundo moderno, la tarea de las órdenes militares no puede limitarse a una acción caritativa, sino que es menester recuperar para la sociedad principios que ésta necesita de modo imperioso mediante una labor intelectual y formativa……
Cuando acepté las responsabilidades inherentes a la dignidad de Gran Maestre, prometí por mi honor y juré por Jesucristo Nuestro Señor, ejercerlas en plenitud, con paternal dedicación y en consonancia con mis predecesores, escuchando a unos y a otros, sin someterme nunca al dictado de intereses espurios. El mantenimiento de la Unidad de la Orden, que es un valor supremo, requiere de un mando único, firmemente comprometido con las tradiciones de la Caballería y dispuesto en todo momento a gobernar con voluntad de servicio a los supremos ideales del lazarismo. 
Sustituir a su primo, el duque de Sevilla no fue tarea fácil. Don Francisco de Borbón había conseguido, entre otros muchos éxitos, la reunificación de la religión lazarista y a don Carlos Gereda le correspondía consolidarla, pese a las maniobras torticeras del príncipe Charles Philippe de Orleans, falso duque de Anjou, elegido Gran Maestre ilegítimo por una exigua facción de los caballeros franceses expulsados por el duque de Brissac, antiguo Maestre de la llamada Obediencia de París. Con grandes dotes de entusiasmo y habilidad, el marqués de Almazán logró aislar a los grupúsculos que discutían su liderazgo, imponiendo a todos, la gozosa realidad de una orden pujante y unida. Al último intento centrífugo de división a cargo de don Sixto de Borbón de Parma, contestó el Gran Maestre y el propio don Francisco de Borbón, a la sazón Gran Maestre Emérito, con un cordial encuentro entre los tres, al que no se llegó acuerdo alguno. 
Con relación al funcionamiento interno del Hospital, don Carlos Gereda impulsó un nuevo Consejo Magistral como órgano consultivo, a cargo de Ronald Hendriks como Gran Comendador y, retomó el Secretariado Internacional de Cámara y Gobierno del Gran Maestre, nombrando un nuevo presidente en la persona del académico y escritor don Juan Van Halen, antiguo canciller. En el Gran Priorato de España, contó con la inestimable ayuda, como Gran Prior, del marqués de La Lapilla y a la renuncia de éste, con el marqués de Ariza, que sigue en el desempeño del cargo. También desarrolló una política de nuevos nombramientos en las distintas jurisdiccionales nacionales que fructificase de manera muy notable en Portugal, en Francia, en Reino Unido y en EEUU.
Es muy de destacar su gran preocupación por reforzar el ejercicio de la caridad, estableciendo una Fundación Internacional de San Lázaro con sede en Madrid que canalizará en el futuro todas las actuaciones hospitalarias de la religión. En el terreno cultural, Gereda apoyó todas las actividades académicas de la milicia lazarista y la publicación de libros y revistas, todos ellos encaminados a dar a conocer la rica historia de nuestra orden. En el ámbito estrictamente religioso, sus iniciativas se materializaron en las peregrinaciones internacionales bianuales y la creación de un Consejo Asesor Espiritual, presidido por el Gran Prior Eclesiástico, monseñor Pennisi. Inquieto y vitalista, el Gran Maestre cuidó la imagen externa de la milicia lazarista, dotándola de un nuevo uniforme, de corte militar, que recuperaba el luto por la pérdida de los Santos Lugares y desarrollando una serie de encuentros con las más variadas y distintas personalidades que van desde SS el Papa o SM el Rey Padre al duque de Anjou, con la única finalidad de informar de los logros de nuestra religión. 
He sido testigo de sus anhelos y de sus éxitos que, siendo muchos, nunca utilizó para la altivez o la jactancia. Como persona, don Carlos Gereda se hacía querer por su delicadeza y bonhomía. Cercano y cariñoso en el trato, estaba dotado de una gran simpatía. Muy familiar, adoraba a su mujer y sentía debilidad por sus sobrinos. En el padecimiento de la enfermedad que ha acabado con su vida ha dado muestras sobradas de una profunda religiosidad, legando a todos, el ejemplo de una vida consagrada a los objetivos caritativos de nuestra querida orden. Guardo para el recuerdo, todos los detalles que tuvo conmigo, su complicidad en tantas cosas y el preciado regalo de su amistad. Don Carlos Gereda de Borbón era de esas personas a las que no se puede olvidar y huelga decirlo, uno no quiere olvidar. Que Dios le tenga en su gloria."